Cultura

Chamanismo Maya: Tierras altas 3

Etnomedicina entre los Tzotziles de Chamula y Chenalhó, Chiapas. Parte 2

Materia Sagrada

Para los tzotziles existe una diferencia entre materia sagrada preventiva y la materia sagrada de ofrenda para diversos motivos.

Materia sagrada preventiva

Entre la materia sagrada considerada dentro del orden preventivo que usan los tzotziles que nos ocupan, tenemos, en primer término, y de uso más generalizado el pilico, una mezcla molida hecha con base en moy (tabaco silvestre), aguardiente y cal. Se sabe que el uso de este compuesto es de dominio amplio en lo que fuera Mesoamérica, incluso existen referencias a la misma hechas por el padre De la Serna entre los nahuas, entre los que se conoce como tenex yyetl.

El pilico al masticarse desaparece la sensación de hambre, la fatiga y quita el dolor abdominal; además protege a las personas contra el rayo; del ataque de los pucujetic (demonios) como, por ejemplo:

  1. La xpaq’uinte’, hermosa mujer indígena, muy limpia y arreglada, que con engaños y seducción arrastra a los hombres trasnochados a los montes y barrancos.
  2. El j’ic’al, enano de raza negra.
  3. El muc’ta pixol, que entre los mestizos es conocido como Sombrerudo y que es un hombre mestizo que tiene los pies al revés

Con propósito preventivo también son usados el ajo, la sal y el tabaco planta, esta última destaca en toda Mesoamérica como uno de los principales recursos de las diferentes medicinas, y sobre la cual Quezada nos dice, con relación a los nahuas:

                              […] el tabaco, llamado en la época prehispánica picietl (Nicotiana rustica) y (Nicotiana tabacum), era atributo de los curanderos cuando aparecían danzando en la fiesta de Ochpaniztli dedicada a la diosa Tlazotéotl, protectora de curanderas y parteras. Por sus propiedades narcóticas en la Colonia se usaba en limpias, friegas, emplastos, infusiones y lavativas; pero la utilización ritual más importante era en forma de cigarro para fumarlo arrojando el humo sobre el enfermo, a veces, sólo el curandero y otras todos los asistentes.28

Materia sagrada para ofrenda

Por otro lado, la materia sagrada que, en particular es la que nos interesa tratar en este apartado, es la de ofrenda, específicamente la utilizada para ayudar a recuperar la salud de un enfermo:

“Quien desarrolla su acción […] encomendándose a Dios y los santos, lo hará con una actitud de fervorosa y resignada devoción, ofreciendo dones propiciatorios que, sin embargo, sabe que no podrán ser nunca constrictivos para la divinidad, por su naturaleza incoercible y siempre justa en sus decisiones cualquiera que sea el sufrimiento humano que inflige. Pero la certidumbre que “la estirpe de los dioses es fiel” invita a la esperanza.

Por otra parte, las ofrendas son perfectamente congeniales con la naturaleza divina de las entidades a las que se dirigen y el tipo de relación que el hombre mantiene con ellas.”

La materia sagrada que es entregada en sueños a los diferentes jpoxtavanej (los que ayudan a sanar), pero específicamente a los j’iloletic (los que pueden ver), consiste en una o varias cruces, arcos adornados con plantas y flores, velas, veladoras, Pom (copal), plantas, animales, tecomates, refrescos y pox o chicha (trago o aguardiente).

               Al pulsar, a cada j’ilol (el que puede ver) las deidades le indican la posición que para cada caso específico deberán tener los diferentes elementos de materia sagrada mediante los que se conforman los altares.

Cruz

Entre la materia sagrada que se entrega a los j’iloletic (los que pueden ver), están las cruces, que en cada caso varían en tamaño. En un testimonio se nos indica que la cruz que le fue entregada al predestinado era aproximadamente de un metro y medio. En el sueño, se entrega la cruz o cruces indicándosele al soñador que tiene que fabricar unas semejantes a las que se le muestran en el sueño para colocarse en el altar de su casa. Con ello se entiende que las cruces quedan permanentemente en esa posición y no son trasladadas a cada ceremonia curativa. Al menos, en la práctica, se ha observado que los j’iloletic, se instalan en el altar que está a la mano, para realizar su trabajo.

Siempre que se realiza una curación debe haber una o varias cruces presentes en el altar que se prepara con la ofrenda, ya que ésta constituye la protección del oficiante, de hecho, constituye la parte más importante del altar, toda vez que además de ser la principal protección del oficiante, a través de ella se conectan los diferentes planos.             

Fuego

En términos de importancia, el fuego, representado por velas y veladoras se sitúa en el segundo plano jerárquico del altar, en torno a la cruz.

El fuego es el reflejo del cuerpo de quien ofrenda. Las velas y veladoras que se entregan a los j’iloletic tienen diferentes tamaños; las grandes, exclusivamente de color blanco, se emplean menos, predominantemente para alargar la vida y para pedir el progreso económico. La razón es que como Riox (Dios) no quiere aumentar la pobreza de sus hijos cargándolos con el alto costo que representa usar velas grandes por eso se prefieren las medianas y chicas; así mismo, se les entregan velas de diferentes colores: blancas, verdes, rojas, negras y amarillas, con diferentes propósitos cada una. En la entrega de velas, las deidades son muy específicas y contundentes en cuanto al tipo que debe utilizarse según la acción por realizar, se les explica cuáles son para alargar la vida, para los ch’uleltic (plural de ch’ulel, almas innatas, entidades anímicas), para el despreciado de ch’ulel (ch’ulel designa el espíritu que reside en el cuerpo y fácilmente lo abandona; camina por medio del viento, del aire y en un segundo está donde desea), para allegarse el favor de la Madre Tierra o para las cuevas. En caso de que no se respeten las indicaciones las ofrendas no son recibidas, lo que se traduce en que no sólo no mejora el enfermo, sino que incluso puede agravarse.

Pom

El pom (copal) ocupa el tercer sitio jerárquico dentro del altar, representa “la fuerza de nuestra sangre”, se coloca en forma de pequeñas esferas dentro de un recipiente en el que se utiliza carbón para hacerlo arder. Guiteras reportó que los j’iloletic pedranos de la década de 1960, utilizaban el pom de la siguiente manera:

                              El número de piñitas de copal depende del de las deidades que se nombren en la plegaria o fórmula: siete, para recobrar un alma perdida (tres por el alma y cuatro por la superficie de la Tierra); cuatro, al recoger mieses; nueve, cuando se menciona las regiones que están bajo la superficie terrestre; y trece para privar de la vida a un ser humano o un animal. Las piñitas de incienso son diminutas cuando se les dedican a los muertos o cuando se ofrecen con el propósito de tomar una vida”.

Plantas

Las plantas ocupan el cuarto lugar en el altar, representan el crecimiento de la vida y la salvación. Entre algunas de las que forman parte de la materia sagrada se mencionan:

  1. Puntas de: ocote, de tilil, rosas, de liquidámbar, de kos, de laurel que dan poder y bendición al j’ilol, y con las que se acompaña el canto.
  2. Tres puntas de saúco tierno empleadas para la recuperación de los ch’uleltic, tabaco, papante, papantl o tabaco-te; ajo grande y chico.
  3. Hierba del zorro
  4. Espina de dormilón, que se usa para sacar la ipixantal (envidia y para borrar algunos pecados)
  5. Dormilona, también conocida en tzotzil como lodomch’is.

Al j’ilol en sueños se le indican los procedimientos por seguir con cada planta, en caso de ser materia sagrada, su disposición en el altar, y también las formas de su aplicación cuando se usan en contra del mal echado. Cabe señalar que las plantas sagradas entregadas a cada j’ilol pueden variar, sin embargo, indefectiblemente reciben ajo, papante, papantl o tabaco-te y tabaco, que vienen entonces a ser la materia sagrada de mayor importancia. A varios de los j’iloletic colaboradores estas plantas les fueron entregadas como jóvenes arbustos que tienen la obligación de mantener y cuya sobrevivencia depende del cuidado y amor que se tenga para con la práctica. También cabe mencionar la utilización de flores para adornar los altares, lo cual tiene como propósito ofrendar el aroma a las deidades, de éstas se utilizan las disponibles en las diferentes épocas del año.

Tecomates

Adicionalmente se les entregan unos pequeños tecomates, envases hechos de calabazo seco, que sirven para el llamado de los ch’uleltic, que por alguna razón permanecen fuera del cuerpo de la persona, hecho que es causa de enfermedad.

Agua sagrada

Otro elemento de la materia sagrada es el agua de manantiales considerados sagrados, no destinada al consumo cotidiano, sino para la purificación y eliminación de males que afectan a la gente, cuya localización es comunicada por los Anjeletic (ángeles en español, manifestaciones del señor de la tierra) y que, por lo general, están en escarpadas cumbres o en el interior de cuevas.

“El agua sagrada es del Señor Jesucristo, de los apóstoles y de los Ángeles. Se busca para bañar a los hijos de Dios, para que estén perfumados, para que los reciban, para que así le den ganas de recibirlos bien, porque por no estar perfumados, por no tener aromas, por eso están despreciados en la Tierra y en el Cielo.

Para acarrearla, son elegidos seis hombres que van hasta la punta de los cerros, a buscar donde sale de la piedra, esa es el agua sagrada”.

El acceso a estos manantiales está limitado a aquellos j’iloletic a los que les son entregados y los seis legos que, eventualmente, son designados por estos para colectar el agua para bañar a los enfermos que lo requieren. Un colaborador refirió que, en uno de éstos, hay dos barreras sobrenaturales, la primera guardada por 13 Apóstoles, además de dos Anjeletic que siempre están parados en los costados de la fuente. A quien se aventura en busca de estos ojos de agua sin las autorizaciones pertinentes irremisiblemente acaecerá un mal.

Pox, chicha y refresco

Otro tipo de materia sagrada que reciben los j’iloletic es el pox y la chicha (trago o aguardiente de caña), sin embargo, se les aclara que no constituyen una ofrenda para la divinidad benigna (Dios, Vírgenes y Apóstoles), sino que pertenecen al Diablo y se utilizan para confundirlo, por lo mismo, no deben ingerirse durante las ceremonias de curación, lo que se hace es que se da un trago y se rocía sobre las velas y plantas que han sido colocadas como parte de la ofrenda que se dirige a Riox. La divinidad también enfatiza que no se debe ingerir el pox, porque los sentidos se aturden y entonces no es posible distinguir claramente qué sucede con la enfermedad.

Es importante destacar que hasta hace algunos años el pox constituía un elemento central en los rituales curativos como materia sagrada dedicada a las deidades del Cielo, para las que su olor y calor era alimento. A partir de la presencia del protestantismo en la región y de la consecuente satanización del consumo de alcohol, aunado a las campañas antialcoholismo emprendidas por el Estado, es evidente el cambio que se suscita en el uso del alcohol dentro del ritual para ayudar a sanar a las personas. Las deidades instruyen, a través de los sueños, a los j’iloletic respecto al uso que en adelante pueden hacer del pox:

“Primero, te entregaron el pox, pero ahora te quiero decir que no lo debes de beber, así que te lo vine a quitar. El trago no es nuestro, es del enemigo, y te lo digo para que lo sepas y lo tengas en tu mente”.

“El problema con el trago es que cuando se emborrachan empiezan a pelear y se hacen daño, por eso no quiero que lo uses. Sin embargo, puedes usar un poquitito para tirarlo donde están tus velas y tus plantas cuando estés rezando, es lo único”.

“Pero insisto, el pox no es para que tú lo tomes, no, porque si no, no vas a poder enfrentar los problemas. En lugar de eso sólo puedes usar refresco o también agua simple o con un poco de sal o de azúcar.”

En la época en que las prácticas en torno al uso del pox fueron oníricamente transfiguradas, en el sentido de abandonarlo como materia sagrada ofrendada a las deidades celestiales, para pasar a usarse para confundir al Diablo, surge, “como secreto” la posibilidad de usar refrescos durante las ceremonias para ayudar a sanar en lugar del pox.

Animales

Por último, tenemos el uso de animales como materia sagrada, de estos destaca la gallina que, necesariamente, debe ser negra, particularidad común en Meso-América, utilizada con dos propósitos terapéuticos: en el primero, como el pox, es para ser entregada al Diablo y a sus huestes, con el fin de intercambiarla por los ch’uleltic caídos y en poder de estos seres. Sobre la base de los hallazgos de Pitarch en el municipio tzeltal de Cancuc, con relación al ch’ulel, considerado como el ave del corazón, y la referencia de Guiteras, respecto a que su colaborador, Arias Sojom, de Chenalhó “[…] describió el alma que es comida como un pájaro o un ave de corral”, entiendo que dicha acción tiene el sentido de intercambiar un ave por otra, aunque, como refiere el colaborador Sebastián Hernández Lampoy, saben que es para entregársela al Diablo, pero no saben por qué ni para qué. El segundo propósito es el de transferir el mal del enfermo a la gallina, sobre este punto, Aguirre Beltrán nos dice:

“El sacrificio de esas aves y su destrucción forma parte de métodos de traspaso que han llegado hasta nuestros días con la designación de “limpia”. Limpieza, esto es, purificación y desenhechizamiento o curación en el plano del pensamiento místico, son palabras sinónimas y acciones idénticas. Con el pollo o gallina —que debe ser de color negro cambujo— se restriega el cuerpo del enfermo o la parte dolorida y, a medida que el mal se transfiere al ave, ésta experimenta el daño de modo que al terminar la operación mística el ave agoniza. Finalmente, se la degüella, la sangre se vierte sobre el enfermo para aprovechar su vigor sobrenatural y se entierra el ave endosada junto con materias —yerbas, imágenes mágicamente potentes— que destruyen el maleficio.”

El ceremonial con la gallina consta de varios pasos, con diferencias significativas de un jpoxtavanej a otro. En lo que sí existe una general coincidencia es en el primer paso, que consiste en pasar la gallina negra por todo el cuerpo del enfermo, barriendo, primero, desde el hombro derecho, para salir por la pierna izquierda y luego partiendo del hombro izquierdo hacia la pierna derecha, trazando con ello una cruz imaginaria.

En cuanto a los siguientes pasos, es donde se suscitan diferentes prácticas, con diferentes sentidos: unos, establecen que la gallina no debe de ser sacrificada, es decir que una vez que han barrido con ésta al enfermo, la sueltan. Quienes sostienen esta práctica, señalan como razón, que mantenerla viva tiene la función de confundir al Diablo y sus huestes, cegándolos “[…] es el tapaojos del Diablo, de Satanás y de los envidiosos.” Otro colaborador nos indicó que al soltar el ave se observa como llegan diversos animales a comerla: gatos, coyotes, zopilotes, águilas y otros. Considero que esta opción está directamente relacionada con el sentido terapéutico de transferencia del mal al ave.

La otra posición es la de sacrificar el ave, acción más bien vinculada al intercambio del ch’ulel, que necesariamente requiere del sacrificio del ave para estar en posibilidad de concretar la transacción en el plano sobrenatural, lo que a su vez se traduce en dos prácticas diferentes, los que rompen el cuello de la gallina, descerebrándola, para depositarla en el altar y los que la degüellan para depositar parte de su sangre en el altar, que al igual que el pox, constituye nutrimento para las deidades del mal.

De entre estos últimos, se distinguen aquellos que disponen de la gallina para alimento de los asistentes a la curación y los que afirman contundentemente que la gallina no debe servir como alimento de la gente por contener el mal que absorbió del enfermo.

Bibliografía:

Jaime Tomás Page Pliego

2011, El mandato de los dioses. Etnomedicina entre los tzotziles de Chamula y Chenalhó, Chiapas. San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México. Datasís S.A. de C.V. – Universidad Nacional Autónoma De México.

Bartolomé, Miguel A. – Barabas, Alicia M. (Coordinadores)

2013, Los sueños y los días. Chamanismo y nahualismo en el México actual, II. Pueblos Mayas. México, Instituto Nacional De Antropología E Historia.

Z. Vogt, Evon

1993, Ofrendas para los dioses, Organización religiosa PP: 51. México, Fondo De Cultura Económica.

Pitarch Ramón, Pedro

2017, Una etnografía de las almas tzeltales, II Etnografía de las almas. México, Fondo De Cultura Económica.

Autor

Alejandro Avila

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